Sucedió, lo impensable…





Era un día calmado, como cualquier otro…
Pero sucedería, algo que desarmaría todo,
Ella, llego presurosa, oliendo a cielo,
Él, quizás el infierno lo expulso del centro.
Asomaban, las nueve aún de mañana,
Cuando en un lugar solo allí, se encontraban,
Caminaron unos metros,
Cuando más solos estaban,
Amándose sin pudor,
Amándose sin calma,
Ella dudosa de sus ropas,
Aún no se las quitaba,
Él más experimentado,
A ella no le decía nada.
Conocieron el infierno,
Allí mismo la tomaba,
La hacia suya,
En ella penetraba,
Su pasión, su deseo, aún sus ganas,
Ella gritaba,
Hazme tuya, mi semental,
De mí no dejes nada,
Pasadas ocho horas,
Todo el mundo los buscaba,
De ese amor, no queda nada,
Solo odio y rencor,
Solo sabanas mojadas,
De lágrimas y gemidos,
Que a ninguno, interesaba,
Así pasó el tiempo y curó,
Ya hay heridas sanadas
Pasaron a ser ángeles,
Del Cielo o de la nada.
 
Juan Ramon Noriega Montes.
 
 

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