Capítulo #4 19/09/85 (primer parte)

1984 – 1985
10 – 11 años

El Don ya estaba hasta la madre de vivir en la misma casa que mi abuelo y mis tías; vivían en constantes peleas, e incluso había días en los que preferían mejor no dirigirse la palabra. Así que decidió que ya era hora de tener una mejor vida viviendo aparte y por eso fue que decidieron comprar el departamento aquí en Garibaldi, justamente en la Plaza del Mariachi; también influyó que ya no tuviera que chingarse caminando por las calles o andar en camiones. Por fin tendría el trabajo a la puerta de la casa.

El departamento es pequeño y está en una vecindad, no tiene cuartos muy grandes, hay una cocina muy pequeña —casi del mismo tamaño que el pasillo que conecta el baño y la sala/dormitorio—; el de la sala es el cuarto más grande, sólo hay unos sillones pequeños y unas camas.

 Hace poco tiempo que el Don lo compró, y la verdad es que no me importa qué tan grande sea, ni nada de eso: extraño vivir en la otra casa, porque ya no tengo con quien jugar. Aquí hay niños, pero no son mi familia, Antonio no quiere salir a jugar porque no quiere hablarle a los demás; yo de pronto salgo al patio de la vecindad o me voy a la rinconada de la plaza de Garibaldi, y como hay una fuente, ahí me pongo a jugar con mis carritos, o con el agua. A veces vienen los demás niños a jugar conmigo; así fue como conocí a Cecilia, Pedro y Joaquín, los hermanos de ella. Cecilia es más grande que yo por un par de años. Después de unos días nos hicimos amigos y una que otra tarde, Pedro y los demás vienen a tocar la puerta de mi casa para pedirme que salga a jugar.

Poco a poco empezamos a hacer amigos en Garibaldi, eso me ayudó a no extrañar tanto la Sanfe, a mis primos y a mis abuelitos, aunque sigo extrañándolos mucho, porque ya no está mi abuelita Erendirani, quien siempre nos defendía de que mi mamá no nos regañara.

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Enrique era de sangre más liviana, eso le permitía poder convivir con cualquier persona. Cuando se le acercaban los niños que vivían ahí, no tenía ningún problema en hacer amigos, mientras que Antonio, más quisquilloso, tenía carácter más retraído en su nuevo entorno, pero por Enrique fue adaptándose a un nuevo lugar y amistades.
Pasados los días y poco a poco, Enrique junto con Antonio —más Antonio— empezaron a ser parte de ahí, de Garibaldi, y comenzaron a ser conocidos: en primera, por ser los hijos de Don Antonio, cuyo padre, también llamado Enrique, había sido fundador de la plaza; y segundo, porque ya eran parte de los niños que salían a jugar ahí. Para ese momento, Antonio y Enrique ya eran invitados a comer a casa de los demás, algo muy común que hacían entre los niños. Cuando jugaban fútbol, a los atrapados o encantados y terminaban cansados, algún niño los invitaba por un vaso de agua o refresco frío a su casa. En ocasiones los invitaban a ver la tele, y pasaban la tarde viendo películas de la ahora conocida Época de Oro del Cine…

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One Comment

  • Miguel 04/04/2022
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    Bravo. Contacta conmigo y hablamos. Tengo algo que te puede interesar. Saludos atentos.