Asediador

Sinopsis: Recibir notas de un admirador secreto puede ser muy romántico y divertido, pero ¿Qué pasa cuando éste se convierte en más que un admirador?

“Puede asecharte como un león a su presa, puede hacerte sentir muy nervioso e intranquilo y puede atacarte cuando menos lo esperes”.

Capítulo uno

“Las notas”

A mis 21 años de vida, no había hecho nada más que estudiar y estudiar, puesto que mi madre siempre me recordaba que eso era lo único con lo que me podría defender en la vida. Por lo tanto, me la pasaba estudiando en casa después de mis clases y algunas veces los fines de semana. El lugar donde vivía no era muy grande, por lo que no había mucho que ver o a donde ir, sin embargo, había veces en las que iba a casa de mi mejor amiga Kriss.

—Olivia, pásame la tarea de ciencias, la he olvidado en casa—dijo Kriss sonriéndome cuando llegó mi lado mientras yo estaba sacando los libros de mi casillero.

—¿La olvidaste en casa u olvidaste hacerla? —respondí con una pequeña risa.

—La segunda opción—dijo mi amiga sonriendo con inocencia.

—No tienes remedio— dije riendo y dándole la libreta donde tenía hecha la tarea.

Ambas éramos muy distintas, mientras ella era extrovertida, yo era introvertida, pero nos complementábamos muy bien, a pesar de tener distintas actitudes. Después de que Kriss terminara de copiar las respuestas en su cuaderno, nos dirigimos a nuestro salón de clases, al llegar a mi asiento noté que había una nota en la paleta de mi silla, así que me dispuse a leerla.

“Siempre que veo tus ojos azules me hacen sentir paz. Tus ojos son los más bellos. -D”

Al leer aquellas letras mi vista se posó en todas las personas que se encontraban cerca de mí, pero nadie se miraba “sospechoso” o alguien que podría haber escrito aquella nota, al no encontrar a alguien guardé el trozo de papel en una de mis libretas, noté que mi profesor ya se encontraba dentro del aula, así que me senté y presté atención a la clase.

Dos días después, apareció otra nota, pero ahora se encontraba pegada en la puerta de mi casillero.

“Esa sonrisa tan hermosa que quisiera tenerla conmigo y poder verla día y noche. -D”

Esta nota me hizo ponerme nerviosa por unos segundos, pues a comparación de la primera nota, ésta no era muy romántica. Mi vista se dirigió al pasillo en el que me encontraba y me percaté que estaba un poco vacío, solo estaba la señora de limpieza y yo, por lo que seguramente le podría preguntar a ella so vio a alguien, me dirigía hasta ella cuando escuché el grito de mi amiga llamándome.

—Oye, te estaba buscando en la cafetería, pero no te encontré, ¿dónde andabas? —preguntó un poco cansada, pues al parecer había corrido.

—Me encontré con esta nota, es de la misma persona que hace unos días, pero ahora ya no me está gustando— dije y se la mostré, ella leyó el papel y abrió los ojos de asombro.

—Parece como si esa nota tuviese un trasfondo. Se ve muy retorcido—dijo de manera analítica.

—Espero que esto pase pronto—comenté guardando la nota en el bolsillo trasero de mi pantalón.

—Verás que sí, el tipo se va a aburrir y lo dejará todo por la paz. Mejor vayamos al almuerzo que me muero de hambre— dijo Kriss haciendo una expresión exagerada. Solamente asentí con la cabeza y la seguí hasta la cafetería.

Al llegar a mi casa pude ver una nota pegada en el refrigerador, donde decía mi madre que llegaría muy tarde y que había dejado dinero para pedir algo de comer. Así que me dirigí a mi cuarto para poder hacer mi tarea, cuando dieron las 7:30 pm bajé a la sala para poder pedir una pizza. Una hora después, ya estaba en mi cama, viendo una película y cenando.

Después de un rato, estaba preparándome para dormir, cuando por la ventana pude divisar a alguien que se encontraba observándome, me acerqué más a la ventana, observé que sacó una cámara y tomó una foto, me asusté tanto que me hice hacía atrás para que la persona ya no me viese. Al mismo tiempo, empecé a ponerme muy nerviosa y paranoica, pues estaba sola en casa y alguien estaba espiándome. A continuación, tomé mi celular y llamé a mi mejor amiga.

En lo que ella respondía mi llamada, me acerqué a la ventana y esa persona seguía ahí, no podía ver quien era, puesto que llevaba una máscara en su rostro. Mi respiración comenzó a acelerarse cuando él levantó la mano y me saludó, quería llorar y los tres tonos que escuché antes de que Kriss respondiera, se me hicieron eternos.

—Hola—respondió mi amiga.

—Él está observándome, está afuera de mi casa—dije al punto de querer llorar.

—¿Él? ¿el que te manda las notas? —sentí como su voz cambió a una más preocupada.

—No sé, pero me está observando y hasta me tomó una foto, estoy muy nerviosa y estoy sola en casa—expliqué más preocupada y desesperada.

—Llama a emergencias y ahorita que mi hermano regrese de su entrenamiento de basquetbol le digo a que me lleve hasta tu casa para que no estés sola, tranquila—dijo Kriss en un tono tranquilo, pero preocupado a la vez, lo cual me dejó un poco más tranquila, puesto que no pasaría la noche sola.

Dejé de observar por la ventana para poder calmarme y así lograr llamar a la policía. Volví a acercarme a la ventana y el hombre que hace unos instantes estaba ahí, ya no se encontraba en el sitio; mi corazón se aceleró y mis nervios se dispararon, a través de la bocina de mi teléfono escuché como una persona me había respondido, sin embargo, no pude hablar, simplemente solté el teléfono y bajé las escaleras corriendo para cerrar con llave la puerta principal y la que daba al patio.

Después, volví a subir a mi habitación y me encerré con llave, de nuevo, tomé mi celular y mandé un mensaje a Kriss para saber si ya venía cerca. Unos minutos después, recibí el mensaje de ella, diciendo que ya venía en camino, al leerlo, me puse un poco más tranquila, pero aún tenía esa sensación de que alguien estaba vigilándome.

10 minutos después, Kriss ya estaba en mi casa dándome un abrazo, mientras que Axel, su hermano, registraba la casa, pues, aunque les había dicho que cerré todo, ellos insistieron en buscar para que nos quedáramos más tranquilas.

—Pues, todo está en orden, no hay nadie ni nada por qué preocuparse— dijo Axel al llegar hasta donde estábamos ambas.

—Muchas gracias. La verdad, estaba muy asustada— dije soltando un suspiro.

—No hay nada que agradecer. De hecho, no sé si gustan que me quede con ustedes, por cualquier cosa— comentó el hermano de Kriss.

—No, no es necesario, mi madre no tarda en venir—comenté y me senté en una de las sillas que se encontraban ahí.

—Exacto, y hermanito, recuerda que mañana tienes examen a primera hora— dijo Kriss uniéndose a la plática.

Unos minutos después, Axel se fue y nosotras decidimos quedarnos en la sala a esperar a mi mamá. Nos aseguramos de mantener todo cerrado con llave en lo que esperábamos. Una hora más tarde, mi madre llegó.

—¿Qué hacen aquí en la sala, chicas?— preguntó ella y vi que Kriss iba a responder, pero me adelanté.

—Estábamos viendo una película, pero acaba de terminar—dije mostrando una sonrisa.

—Ya veo, pues ya vayan a dormir, que mañana aún tienen clases—respondió mi mamá en un tono de regaño. 

Asentí con la cabeza y me llevé a mi mejor amiga hasta mi habitación para poder hablar tranquilamente.

—¿Por qué no le dijiste lo que pasó?— preguntó ella cruzando los brazos mientras se sentaba en el borde de mi cama.

—La voy a preocupar y ella ya tiene suficientes preocupaciones en el trabajo como para que yo venga con mi historia de acosadores—dije un poco molesta.

—Olivia, tienes que decirle. Lo que pasó fue algo serio—comentó Kriss con un rostro muy serio. 

—En su momento se lo contaré—dije terminando la plática. 

Vi como rodó los ojos en señal de enojo y se metió bajo las sábanas de mi cama para ir a dormir. Por mi parte, hice lo mismo, pero no pude conciliar el sueño, pues una parte de mi seguía aterrada y con nervios.

El lunes por el medio día, iba directo a mi casillero para sacar unos libros que me servirían en mi siguiente clase, puse mi contraseña y al abrir la pequeña puerta me encontré con una pequeña caja de regalo de color roja con un listón blanco que sellaba la caja. Volteé a ver a todos lados, pero mis compañeros estaban sumergidos en sus propios asuntos, así que me dispuse a ver lo que estaba dentro.

Al ver lo que se encontraba en la caja, me asusté mucho y mi respiración se aceleró, mis manos empezaron a sudar frío, puesto que vi unas fotografías mías donde me encontraba con mi pijama y con el teléfono pegado a mi oído, podía observar en la foto impresa que mi rostro denotaba terror. Estaba segura de que era la foto del día que vi a esa persona fuera de mi casa.

Velozmente, cerré la caja y la metí a mi mochila, sabía que ya era buen momento de hablar con mi madre y decirle todo lo que estaba pasándome. Más tarde, llegué a casa y vi que mi madre estaba haciendo algunas cosas en la cocina, por lo que no dudé en ir hasta donde se encontraba.

—Hola mamá— dije con nervios, pero le di un beso en la mejilla.

—Hola cariño, ¿cómo te fue en clases? —preguntó en un tono cariñoso.

—Bien, pero necesito decirte algo—le respondí con nerviosismo y preocupación.

—Claro, ¿qué es lo que pasa? —su rostro ya estaba tomando un semblante preocupado.

—El otro día que nos encontraste despiertas, a Kriss y a mí, no es porque estuviésemos viendo algo en la televisión, sino que alguien me estaba acosando y hoy me encontré esta caja dentro de mi casillero, y hay fotografías mías— expliqué de forma desesperada.

Mi madre estaba muy sorprendida y agarró la caja que yo le estaba dando, la abrió y notó las fotografías.

—No es lo único que he recibido, también me mandaron unas notas, que al principio sólo eran palabras bonitas de un enamorado, pero luego empezó a acosarme y sinceramente no sé quién es.

Me sentía desesperada y quería llorar, pues ya me estaba dando miedo.

—Hija, creo que debemos de reportar esto en la estación de policías, no hay que perder tiempo.

Ambas salimos de la casa, nos subimos a la camioneta de mi mamá y nos dirigimos a la central para poder hacer la denuncia, lo que me hacía sentir más tranquila, pero a cada segundo y a cada paso que daba, me sentí más y más observada.

Al llegar a la estación, fuimos directamente hasta donde se encontraba el detective, le mostramos las notas que estuve recibiendo y las fotos, así como le relaté lo sucedido esa noche. Pero, en el rostro de ese hombre no había ninguna pizca de credibilidad a lo que relatamos.

—Lo lamento mucho, pero simplemente parece que te están haciendo una broma pesada o tienes a un enamorado por ahí— dijo regresando las notas y fotos. Podía observar como el rostro de mi mamá se ponía rojo por el enojo.

—¿Y las fotos qué?, ¿también son una broma?, ¡claramente mi hija se encontraba asustada y usted dice que son bromas pesadas! —exclamó mi madre con enojo.

—Cálmese señora, pero no son pruebas suficientes para acusar a alguien—comentó el policía. 

Muy enojadas e indignadas salimos de la estación y nos dirigimos de regreso a casa. Nadie comentaba nada, pues no ser escuchadas y ser tomadas a locas fue algo que no esperábamos. De pronto, mi teléfono vibró, dando señal de que tenía un nuevo mensaje, pero me percaté que era un número desconocido.

Desconocido: Es una pena que ni los policías te crean. Pobre de ti.

Abrí mis ojos por la sorpresa, ¿Cómo sabía mi número?, ¿Cómo estaba enterado que había estado en la estación de policías? Simplemente, bloqueé mi teléfono y no hice ningún comentario al respecto.

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