Asediador

Capitulo 3

“Olivia”

Fui a buscar a Olivia a su salón de clases para poder ir a comer el almuerzo, sin embargo, no la encontré en su lugar de siempre, así que me animé a preguntar con uno de sus compañeros.

—Hola, ¿dónde está Olivia?—el chico dejó de prestar atención a su teléfono para posar su vista en mí.

—Creo que se fue a casa, vi que salió de aquí con todas sus cosas y después la vi salir por la puerta principal—respondió con simpleza.

—Pero tiene otras clases—dije de manera dubitativa, pues yo sabía que Olivia no era de esas personas que se saltaban clases.  

—Sí. De hecho, después de que le entregué una nota, se fue. Tal vez era de su admirador y la invitó a salir—dijo el chico con una sonrisa. En ese momento mis alarmas se prendieron, y me asusté, puesto que ya había visto lo aterrada que se ponía mi amiga. Agradecí y salí al patio de la escuela para ver si no estaba por ahí.

No la encontré por ningún lado, así que decidí marcarle para saber dónde se encontraba y poder ir con ella, pero su teléfono me mandaba directo al buzón, así que le mandé mensajes por WhatsApp y sólo marcaba la flecha de enviado, más no de recibido, rápido empecé a desesperarme. No tuve otra opción más que ir hasta su casa y ver si se encontraba ahí.

Al llegar, toqué varías veces el timbre de la puerta, pero nadie respondía a mi llamado, cada segundo que pasaba me desesperaba más; volví a tocar el timbre y nadie respondía, no tuve otra opción más que dirigirme al trabajo de su madre.

Caminé por unos 20 minutos hasta llegar al hospital del pueblo, dónde la señora Hendrix trabajaba de enfermera. Entré al lugar y la busqué con la vista, teniendo la suerte de que se encontraba en el mostrador del hospital.

—Buenas tardes, señora Hendrix—saludé tratando de no sonar muy desesperada.

—Oh, Kriss, ¿qué haces aquí?, ¿te sientes mal?—preguntó en su tono maternal de siempre.

—No, sólo que no encuentro a Olivia por ningún lado. Se supone que estaba en clases y cuando fui a buscarla, no estaba, también fui a su casa y no había nadie—expliqué tratando de no hablar más rápido de cuando lo hacía al estar nerviosa.  

—Tranquila, a veces le gusta estar sola, la llamaremos—comentó con voz calmada.

  —Ya lo intenté, pero no responde—al mencionarlo, noté cómo se empezaba a alterar, pues ya era muy raro que se hubiese ido como si la tierra se la hubiese tragado.

La señora Hendrix pidió permiso en el hospital y ambas la estuvimos buscando en el auto de ella, fuimos a todos los lugares en los que ella pudiera estar. Pero nunca la encontramos.

—Te dejaré aquí en la casa, revisa en su habitación y en toda la casa si no dejó notas—dijo la mamá de mi mejor amiga mientras me daba las llaves de la casa. —Iré a la comisaría a poner el reporte de desaparición de Oliva.

—Sí, está bien. Vaya con mucho cuidado, por favor—dije casi rogándole, pues yo me encontraba muy asustada.  

Bajé del vehículo y me dirigí a la puerta principal de la casa para entrar al lugar. Todo estaba tranquilo, sin ningún ruido, así que rápidamente subí a la habitación de Olivia, al entrar noté que todo estaba en orden. Me puse a buscar algo que diera indicios de haberse fugado a algún otro lugar. Busqué en sus gavetas y no hallaba nada, hasta que noté que en una pequeña cajita estaban las notas que “el admirador” le había dado semanas atrás. Las guardé en mi mochila.

—“No he encontrado nada, todo está normal”—recité el mensaje de texto que envié a la señora Hendrix.

Bajé y me senté en la sala a pensar en todas las razones por la cual Olivia había desaparecido; mi mente traicionera me decía que “el admirador” tenía algo que ver con todo, pero no podía ir a la estación de policía a denunciar a alguien que no tenía ni voz, ni rostro, pues no sabía quién era, ni me pasaba por la mente alguien, ya que no conocía alguna persona que estuviese interesada en Olivia.

Cada minuto que pasaba, me ponía más y más nerviosa. Media hora después, escuché como abrían la puerta principal, tenía un rayo de esperanza a que fuese Olivia, pero me decepcioné un poco al ver que era su mamá.

—La policía me dijo que no pueden empezar a buscar hasta haber pasado 72 horas. ¡Mi hija puede estar muerta para antes de las 72 horas!—noté como estaba desesperada y con lágrimas en los ojos. Me acerqué a ella y la abracé, pues ambas estábamos preocupadas.

Olivia era una chica buena, no entendía porque alguien querría hacerle daño.

—¿Olivia te mencionó que alguien le mandaba cartas?—preguntó la señora Hendrix después de haberse calmado un poco y preparar algo de té.

—Sí, de hecho, yo alenté a Olivia a que le mencionara sobre dichas notas, porque ya no parecían simples palabras de amor—dije sentándome frente a ella en la mesa de la cocina.

—Nosotras hicimos la denuncia de esas notas, pero nos tomaron a locas.

Suspiré y tratamos de tranquilizarnos. Por la noche, la señora Hendrix se ofreció a llevarme, yo acepté con gusto, ya que estaba oscuro y no quería caminar sola hasta mi casa. Quince minutos después, ya me encontraba entrando a mi casa, me sentía estresada y con dolor de cabeza, pues no pensé que ese día me despertaría y estaría lista para perder a mi mejor amiga.

—Oye, estaba a punto de irte a buscar—observé como mi hermano salía de la cocina e iba hasta mí. Solté pequeñas lágrimas y lo abracé.

—Olivia está desaparecida—solté y empecé a llorar, sentí como mi hermano se tensaba un poco y luego me abrazaba con más fuerza.

—Pero, ¿cómo pudo haber desaparecido? No tenía planes de irse, ¿o sí?—dijo Axel después de soltarme y limpiarme las lágrimas con sus pulgares.

—No. Estoy segura de que ese tipo que le manda notas está detrás de todo esto—le dije en un tono molesto.

—¿Notas?—preguntó desconcertado.

—Ella recibía notas “amorosas” por parte de alguien, pero pronto se tornaron un tanto extrañas—le expliqué de manera breve.  

Vi como mi hermano se quedaba pensando, probablemente también él estaba buscando respuestas, pues veía a Olivia como otra hermana menor.

—Tranquila, estoy seguro de que aparecerá. Ahora, ve a cambiarte y baja a cenar, nuestros padres llegarán tarde, así que ya hice la cena—mencionó dándome un beso en la frente, yo asentí para luego ir a mi habitación.

Puse mi mochila en mi cama y después saqué la caja donde mi amiga tenía las notas. Empecé a leerlas todas, y me percaté que había notas que ella nunca me había enseñado, la caligrafía de la persona que las había escrito era tan perfecta, que no tenía ningún error. Guardé la caja en mi closet, donde sabía que nadie las tomaría.  

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