¿A qué precio se forja mi voluntad?

¿A qué precio se forja mi preciada voluntad?
¿Cuándo habrá recompensas por resignarme en soledad?

¿Cuánto deprecio he de amar y cuántos anhelos
debo derrumbar para sentirme pleno?

He escrito cantos del dolor de mis llantos.
¿Por qué mi voz insiste en entonar sus melodías?

Me he bañado en poesía; en un recital de cien poemas:
uno ardiente y otro frío, uno humeante y otro seco.
Pues pretendo sentirme tibio, descansar de la inspiración,
soportar el desacuerdo, atenuar mi visión ante los extremos.

¿Y qué hay después de todo eso?
¿Cuál es el tesoro de tanto templarse y tanto sacrificio?
Quisiera al menos ver una limosna por lástima y falsa caridad.

Me he endurecido tanto…
que me es imposible sentir afecto o apego emocional.
He dado tanto en ofrenda que he perdido el interés de poseer.

¿Qué apego puede haber con una ofrenda
si al no ver la recompensa se pierde el interés?

Quizá hacia ese camino me ha orientado mi plenitud,
con ansias de que entienda el porqué de mis tropiezos.
Imponiendo moralejas con codicia de que pruebe
y aprenda del sabor de los frutos amargos.

Quizá es hora de aceptar que nunca
he tenido un gusto por las cosas dulces
y que entre más amargo sea mi día
más placer encuentro en la noche.

Del libro: Quemando mis razones

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